“Trabajar en el Hospital de Gambo es una de las experiencias más gratificantes de mi vida”

“Yo me acuerdo cuando en la carrera estudiábamos la lepra y nos parecía una enfermedad que se había erradicado. Llegas a este país y lo ves con tus propios ojos”

 

Esperanza Marín tiene 30 años. Nació y estudió la carrera de Medicina en Salamanca. Se especializó en Anestesia, Reanimación y Tratamiento del dolor en A Coruña y actualmente trabaja en el Hospital Sant Joan de Déu en Barcelona, dónde se está especializando en anestesiología pediátrica. Marín ha formado parte de una delegación durante dos semanas estuvo en el Hospital de Gambo, en Etiopía, para operar a niños con patologías traumatológicas.

¿Cómo entraste en contacto con el Hospital de Gambo?

Fue gracias a mi compañera y amiga Antia Rodríguez Huete, del hospital Sant Joan de Déu de Barcelona. Ella había estado cooperando en este hospital hacía unos cuantos años y conoció el Dr. Francisco Lorente, traumatólogo ortopédico pediátrico de Valencia, que nos ofreció la oportunidad de participar en esta expedición. El plan era operar a niños con patología traumatológica y las dos no dudamos en decir que sí y animarnos a vivir esta experiencia.El equipo de cooperación estaba formado por dos anestesistas, la Dra. Antia Rodríguez y yo, un traumatólogo de Barcelona el Dr. Jaime Ballabriga, una enfermera instrumentista, Natalia Jiménez y el Dr. Lorente.

Explícanos tu experiencia en el Hospital de Gambo
Nuestra experiencia en el Hospital de Gambo fue muy gratificante y muy dura a la vez, porque suponía trabajar en unas condiciones extremas, con material, en principio, desconocido para nosotros y con muy pocos recursos. Pensad que no estamos acostumbrados a operar así, porque en nuestros hospitales de procedencia tenemos todo lo que necesitamos. Aunque hay que reconocer que esto te ayuda a saber trabajar con lo mínimo y aún así sacar las operaciones adelante. Aprendes a valorar todo lo que tienes en el primer mundo y a no quejarte por ‘tonterías’.

Además la organización y los nativos nos facilitaron muchísimo el trabajo y nos trataron con mucho cariño en todo momento. Ellos estaban dispuestos a darnos todo lo que tenían y la gente con la que trabajábamos en el hospital, los nativos de Gambo, se dejaron la piel por cooperar con nosotros. La verdad que fueron dos semanas en las que estuvimos muy a gusto, muy arropados y sin duda repetiríamos todos con los ojos cerrados.

¿Qué tal el equipo? No habíais trabajado juntos con anterioridad, ¿verdad?
El equipo que formamos los cinco de España, al final resultó ser un equipazo. Es increíble como personas que no se conocen ni a nivel personal ni profesional se compenetran tan bien a la hora de trabajar en condiciones tan difíciles. Trabajar con ellos resultó muy fácil en todo momento, nos adaptamos unos a otros, nos ayudamos tanto dentro del Hospital como fuera y la convivencia fue inmejorable. Volvimos de Gambo siendo amigos más que compañeros.


¿En qué consistieron las operaciones que realizasteis?

Hicimos cirugías traumatológicas, sobre todo ortopédicas infantiles: osteomielitis, lepra, quemaduras, pies zambos…Lo que más operamos fue a población infantil aunque también a algún adulto.
Hicimos unas 3 cirugías programadas por día, pero también nos avisaban para las urgencias que llegaban al hospital: cesáreas, apendicitis, abscesos…

¿Qué dolencias tenía la gente a la que operabais? ¿A qué se deben dichas enfermedades?

De lo que más padecen estos pacientes es de enfermedades infecciosas. Tanto la osteomielitis como la lepra son enfermedades que en el primer mundo o se curan con un antibiótico o no existen. En Etiopía, por la falta de medios, la gente puede llegar a morirse o puede llegar a tener un miembro amputado por estas dolencias.

¿Qué es lo que más te llamó la atención de tu estancia en Gambo?
Me llamaron varias cosas la atención: por un lado ver enfermedades infecciosas que en el primer mundo no ves y que no te puedes llegar a imaginar que todavía existan en algún sitio. Yo me acuerdo cuando en la carrera estudiábamos la lepra y nos parecía una enfermedad que se había erradicado. Llegas a este país y lo ves con tus propios ojos, entonces piensas ¡qué injusta es la vida! Tú en el primer mundo tienes todos los medios posibles para evitarlas y sin embargo allí todavía existen. Así como te hablo de la lepra te hablo de otras enfermedades como la tuberculosis y enfermedades de transmisión sexual como el VIH. Faltan tanto medios como educación para evitar este tipo de enfermedades infecciosas.
Por otro lado me llamó la atención ver lo poco que necesita la gente nativa de Etiopía para ser felices, a pesar de tener que desplazarse diez quilómetros en busca de agua potable, tener que ir al campo a recoger leña para poder hacer fuego y cocinar, o no tener medios de transporte, y tener que utilizar sobre todo burros como animales de carga. La gente en sus casas no tiene luz y nosotros pudimos compartir esa experiencia, tan desigual a nuestra manera de vivir: en dos semanas solo tuvimos luz dos días y, por tanto, agua caliente. Te acostumbras a vivir utilizando velas, el teléfono móvil se convierte en algo prescindible y, sin darte cuenta, te adaptas a su forma de vida.
No querría olvidarme de otra cosa que me llamó la atención, en esta caso en concreto de Gambo: su paisaje. Cuando me dijeron que iba a Etiopía, no sé si por desconocimiento, pensé que iba a encontrarme un paisaje árido, una sabana, y sin embargo llegamos a un pueblo de montaña con selva alrededor. Fue impresionante, hicimos alguna excursión por el bosque, visitamos unas cascadas, los lagos Del Valle del Rift, vimos mucha fauna y flora distinta a la nuestra, que nos encantó.

-Si te preguntara por un recuerdo, ¿con qué te quedarías?
Quedarme solo con un recuerdo sería casi imposible. Me quedo con el equipo que hicimos. Desde fuera tal vez es difícil de entender, pero este tipo de experiencia tan intensa, aunque solo sean dos semanas, une mucho. Gente que ni siquiera conoces te ayuda a salir de situaciones difíciles como si te conociera de toda la vida y al final se convierten en tu apoyo en el lugar.
Me quedo también con lo agradecida que es la gente de Etiopía, la gente se desplazaba quilómetros solamente para que nuestro equipo los valorara y si fuese necesario, los operaran.

-¿Por qué crees que es importante la cooperación en países como Etiopía, en general, y en el Hospital de Gambo, en particular?

Creo que es importante la cooperación no solo a nivel médico y hospitalario, sino a todos los niveles, porque es un país muy pobre, con muy pocos recursos y a poco que nosotros aportemos nuestro granito de arena para ellos supone un mundo. Solamente con llevar antibióticos o medios de barrera a estos lugares se podrían evitar muchas infecciones y si sumamos la educación, que es siempre fundamental, se podría mejorar muchísimo su calidad de vida.
Son personas y países muy capaces sin los recursos adecuados. En nuestra mano está la responsabilidad de cooperar con ellos.

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